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Si el bombardeo mediático por las elecciones del mes de julio ya te tiene harto por tantos spots de políticos, pseudopolíticos, partidos y de promoción del voto, déjame decirte que esto se pondrá peor.

Apenas el próximo 30 de marzo iniciarán, de manera formal, las campañas proselitistas a nivel federal. Así que ese bombardeo tomará grandes dimensiones hasta la saturación, y concluirá el 27 de junio, para dar paso al período de veda y luego el día de la elección el 1 de julio.

Aunque por ley no está permitido adelantar actos o posicionamientos por parte de las personas que ocuparán un espacio en las boletas electorales, es de todos conocido quienes estarán ahí y que pelearán “por la grande”.

Pero ¿cómo en nuestra sociedad nos acostumbramos, con el paso del tiempo, a elegir “al menos peor”, cuando deberíamos elegir al “mejor”?

Para los partidos, la mercadotecnia política ha hecho que ajusten sus mecanismos internos. Deberíamos suponer que “el o la elegida” es la mejor de todo el catálogo disponible y saber que será una representante fiel de la filosofía del partido y de cómo transmitirlo a los ciudadanos. Hoy “el o la elegida” es quien, por marketing e imagen, “aseguraría” un triunfo, sin que eso garantice que sea una persona que hará un buen papel por 6 años. Los independientes también forman parte de este complejo escenario.

Pero así, ¿cómo elegir al o a la mejor?, ¿cómo asegurarnos que hará un buen papel y cumplirá lo que promete?, ¿cómo asegurarnos que realmente me representará y hará de México un mejor país?, ¿cómo no caer en la disyuntiva de elegir “al menos peor”? Mesías puede haber muchos, y ya los hemos conocido en sexenios anteriores, el punto es la visión de lo que los ciudadanos deseamos.

En la participación ciudadana, primero con vencer la apatía, con acudir a votar y, principalmente, con exigir día a día lo que, para nosotros, para nuestras familias y para nuestra ciudad es lo mejor, está la clave. No dejar que otros “hagan” lo que debería de hacerse, dejar pasar la vida observándolos con los brazos cruzados y luego quejarnos que “él o ella resultó ser lo mismo de siempre”.

No pensemos en la acción de un político, pensemos en las acciones de miles de ciudadanos que si pueden hacer que las cosas cambien.

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Soy Flp. Comunicólogo y periodista. Estudioso de la comunicación y de la tragicomedia llamada “política mexicana”.


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