Andy Reid

La búsqueda de redención de Andy Reid

La legendaria carrera como entrenador de Andy Reid tiene todo lo necesario para entrar en la conversación como uno de los más grandes de la historia, excepto lo más importante: un anillo de Super Bowl. En sus catorce años con Filadelfia, tuvo un porcentaje de partidos ganados de 0.500 o más en 12 ocasiones, clasificando nueve veces a la postemporada. Tiene también el segundo mejor porcentaje de partidos ganados de la franquicia en la era del Super Bowl, pero todo esto se ve manchado por la ausencia de campeonatos —ganó solamente una final de conferencia— destacando su mal manejo de decisiones en los partidos cruciales.

Más allá de centrarse en sus estadísticas de partidos ganados y perdidos, la mejor manera de rendirle a Reid el honor que se merece es contemplar la forma en la que su esquema ofensivo ha impactado a la NFL moderna. En su árbol de asistentes se encuentran siete entrenadores en jefe del 2018, siendo el último en unirse a la lista Matt Naggy, contratado por Chicago para esta temporada. Entre los nombres más destacados están Doug Pederson y John Harbaugh, quienes a diferencia de Reid, han logrado conseguir un anillo de campeón. Rasgos de su ofensiva innovadora pueden ser encontrados tanto en estos equipos como en el resto de la liga, debido al gran éxito que ha tenido en los últimos años, principalmente durante la explosión ofensiva que Kansas tuvo en el 2017. Si quieren evidencia de la popularidad de su esquema, juzguen por ustedes mismos:

Kansas City en el 2017:

Chicago en el 2018:

San Francisco en el 2018:

Si bien la jugada anterior, denominada comúnmente como “pase pala”, no fue inventada por Andy Reid, su presencia en la liga ha tenido un aumento desde que Kansas convirtió al ala cerrada Travis Kelce en un arma imparable al usarlo en este tipo de ataque, complementado con el complejo sistema de fintas con Kareem Hunt, Tyreek Hill y De’Anthony Thomas. El pase pala es solamente un ejemplo de las muchas maneras en las que Reid ha moldeado el concepto de una ofensiva moderna, pues su combinación del esquema colegial spread con conceptos de la costa oeste, manteniendo un ritmo alto de juego, es crecientemente más usado por equipos en toda la liga. El uso de la movilidad del QB, junto con receptores atléticos, alas cerradas que pueden estirar el campo verticalmente y corredores que son tanto amenazas terrestres como aéreas, son las bases del ataque diseñado por Reid, posteriormente implementado por múltiples entrenadores. La gran cantidad de imitaciones es de esperarse en la liga, ya que después de todo, la NFL está repleta de copias.

Sin embargo, la marca que Reid ha dejado en la liga es discutiblemente más pequeña que la sombra de sus fracasos en postemporada. Con los Eagles perdió el único Super Bowl al que llegó, cayendo contra los Patriots en el 2004, y su equipo fue derrotado en cuatro campeonatos de conferencia más. Su mala fama de manejo del reloj creció exponencialmente al llegar a Kansas City, pues bajo su mando el equipo concedió en el 2013 la segunda remontada más grande de la historia de la postemporada, permitiendo que Indianapolis regrese de un déficit de 38-10 en el tercer cuarto para terminar el partido 44-45 en favor de los Colts. En sus siguientes tres apariciones en playoffs, del 2015 al 2017, el equipo perdió siempre por menos de una posesión, y en los últimos dos años incluso se quedaron a un gol de campo de ganar el partido.

El hecho de que sus equipos sean propensos a desmoronarse en partidos cerrados ha llevado al público a cuestionar su legado, pues al contrastar sus colapsos en postemporada con su éxito en temporada regular se obtiene un currículum único en la liga, ya que es el único entrenador activo con un porcentaje de partidos ganados mayor a 0.600 que no ha quedado campeón. Además, sus trece derrotas en postemporada son la tercera mayor cantidad bajo el mismo criterio, detrás solamente de Tom Landry y Bill Belichick, quienes, por ponerlo de alguna manera, no son reconocidos por sus fracasos en playoffs como Reid.

Las oportunidades para redimir su imagen disminuyen para Reid después de cada derrota de postemporada, pero este año podría ser el definitivo para cambiar la narrativa alrededor de su carrera. Para comenzar el 2018, Kansas le otorgó a Patrick Mahomes la titularidad como mariscal de campo, en un movimiento que ha sacudido a la liga por completo. Mahomes está teniendo un desempeño histórico, habiendo batido los récords para la mayor cantidad de pases de anotación en los primeros tres partidos de su carrera (10, contando la semana 17 del año pasado) y la mayor cantidad de anotaciones en las primeras tres jornadas de la temporada (13, pasando por una a Peyton Manning).

Si la ofensiva de Kansas en el 2017 fue una de las mejores de la liga, la de este año es simplemente imparable. En las primeras tres jornadas han acumulando 118 puntos, la mayor cantidad de la historia para comenzar la campaña después de los 119 del “Greatest Show on Turf” de los Rams del 2000 y de los 127 de la legendaria ofensiva de Denver del 2013. Las defensivas rivales han sido incapaces de parar el ataque aéreo de los Chiefs, y una de las razones principales es que simplemente no tienen el personal suficiente para contrarrestar el gran arsenal que despliega su ofensiva. Cuando las defensivas están concentradas en disminuir el impacto vertical de Tyreek Hill, el centro del campo lo domina Travis Kelce. Si usan un profundo extra para cubrir el pase, Kareem Hunt acarrea el balón o recibe un pase pantalla. Incluso si llegan a cubrir exitosamente a estas estrellas, jugadores como Sammy Watkins y Chris Conley emergen para llevarse el partido, justamente lo que pasó en la semana tres contra San Francisco.

No obstante, por más que Kansas prometa tener una ofensiva dominante por el resto del año, esta temporada todavía tiene ciertos rasgos que podrían culminar con un fracaso más para Reid. En primer lugar, es posible que el nivel de Mahomes regrese a la media, ya que es un jugador inexperimentado y posiblemente enfrente mayores desafíos al avanzar la campaña. Además, las defensivas rivales podrían adaptarse al ritmo de juego de Kansas, y si son capaces de anular el dinamismo de su ataque, el equipo se verá en la necesidad de recurrir a una estrategia diferente para sacar adelante los partidos. Sin embargo, lo más preocupante para los Chiefs no es esto, sino la baja calidad de su defensiva, pues así como ha destacado su ataque por ser uno de los mejores de la liga, su defensa ha recibido fuertes críticas por no poder parar a las ofensivas rivales. Kansas ha permitido 27 puntos o más en sus tres enfrentamientos de la campaña, y sus oponentes han acumulado un promedio de 6.7 yardas por jugada, la segunda mayor cantidad de la liga. También son el equipo contra el que más primeros y dieces han conseguido las ofensivas, y por un margen extraordinario: tienen 15 primeras oportunidades más que el siguiente equipo en la lista, los Falcons. Son la defensiva que más yardas aéreas ha permitido, y las 8 anotaciones que han recibido por pase son la segunda peor marca de la NFL. Por si todo esto fuera poco, son también la unidad más indisciplinada, ya que han acumulado 33 castigos en lo que va de la campaña, regalando 12 primeros y dieces por penalizaciones.

La lista de factores que han impedido que Reid obtenga un campeonato es larga, y este año pareciera que su defensiva será el mayor obstáculo que tendrá que vencer para no agregar un fracaso más a su currículum de postemporada. Un punto favorable para los Chiefs es que se espera que su profundo estelar Eric Berry regrese en las próximas semanas, después de haberse perdido todo el 2017 por una lesión del tendón de aquiles, lo cual levantaría el nivel de la defensiva aérea, pero incluso con él las expectativas para este conjunto permanecen bajas. Si el equipo desea competir por un lugar en el Super Bowl, la ofensiva tendrá que mantener su nivel de aplanadora, anotando más puntos que los permitidos por su porosa defensiva. Esto es en gran parte la responsabilidad de Reid, quien está a cargo del llamado de jugadas ofensivas, por lo que el 2018 podría ser su mejor oportunidad para cambiar la percepción pública de sus capacidades como entrenador.

En caso de que el equipo tome el mando de la AFC y domine tanto en temporada regular como en playoffs, Andy Reid podría recibir el prestigio que tanto merece y reclamar su lugar en la conversación de los mejores entrenadores del milenio, pero una derrota más podría cumplir lo contrario y cementar al entrenador como una gran mente ofensiva pero un pésimo líder de equipo, principalmente si llega con la misma mediocridad que las del pasado.

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