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Crítica: Sobriedad, me estás matando

Sobriedad, me estás matando es una película mexicana que se estrenó ya en las salas de cine y que intenta presentarse como una comedia negra sobre las adicciones, la sobriedad y el vacío emocional de cierto sector privilegiado del país.

La historia sigue a Raffi, un hombre blanco, de clase alta, interpretado por Octavio Hinojosa, quien también es el guionista. Raffi ha pasado años entrando y saliendo de centros de rehabilitación por alcoholismo y drogadicción, pero más que mostrar un proceso de transformación, la película se queda dando vueltas en el mismo conflicto.

Uno de los principales problemas de la cinta es su confusión de tono. Se vende como comedia negra, pero los chistes rara vez funcionan como tal. El humor no incomoda ni provoca reflexión; simplemente se queda corto. Muchas escenas parecen necesitar explicarse solas, como si no confiaran en la inteligencia del espectador. Para una audiencia joven acostumbrada a narrativas más ágiles y arriesgadas, esto se siente pesado y anticuado.

La dirección de Raúl Campos, con amplia experiencia en especiales de comedia, prometía dinamismo, pero su debut en el largometraje resulta lento y repetitivo. El protagonista repite el mismo discurso una y otra vez, lo que hace que la película revele su desenlace demasiado pronto y pierda cualquier tensión narrativa. Además, la crítica que intenta hacer sobre la “productividad” y la vida corporativa se queda en la superficie, sin profundizar ni decir algo realmente nuevo.

El mayor error, quizá, es que Raffi no genera empatía. Desde el primer minuto resulta un personaje difícil de soportar, no por complejo, sino por plano. En lugar de querer entenderlo o acompañarlo, el espectador se pregunta por qué alguien querría tenerlo cerca. Esto debilita por completo el mensaje que la película parece querer transmitir.

En resumen, Sobriedad, me estás matando tiene buenas intenciones, pero falla en ejecución. Su humor es básico, su ritmo cansado y su discurso superficial. Para un público joven que busca propuestas frescas dentro del cine mexicano, la cinta se queda corta y termina siendo más frustrante que provocadora.

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