Primate llegó a las salas de cine nacionales como una opción más dentro del terror comercial. La dirige Johannes Roberts, conocido por cintas como Terror a 47 metros y Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City, y desde ahí ya sabemos qué esperar: sustos directos, ritmo rápido y cero intención de reinventar el género.
La película nos presenta a un grupo de jóvenes que viven una aparente normalidad hasta que todo se sale de control por la presencia de un chimpancé criado como mascota. Aunque la historia intenta dar una explicación “racional” al comportamiento violento del animal, una causa biológica y no maldad pura, la cinta no profundiza demasiado en el tema y termina siendo más un slasher adolescente que una crítica social sobre el uso y abuso de animales.
El reparto incluye a Jhony Sequoyah, Jessica Alexander y Troy Kotsur, y cuenta con clasificación R, por lo que no se guarda nada: hay violencia explícita, sangre, temas sexuales, consumo de sustancias y situaciones de riesgo. Todo lo necesario para cumplir con el manual del terror moderno.
En cuanto al estilo, Primate funciona mejor en lo visual que en lo narrativo. Sus efectos prácticos, el tono cruel y algunos momentos realmente tensos logran mantenerte al filo del asiento. Los jumpscares están ahí, bien colocados, y cumplen su propósito: asustar aunque ya los veas venir.
Eso sí, no es la gran película de terror del año. No innova ni deja huella, pero sí entretiene, tiene ritmo y cumple como plan de fin de semana. Es de esas películas que se disfrutan con palomitas, amigos y sin expectativas altas.
En resumen, Primate es palomera, pasable y efectiva, más slasher que terror profundo. Ideal si buscas sustos rápidos y desconectarte un rato, pero no esperes una obra que redefina el género.
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