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20 de Octubre de 1971, Alemania. Ocurrió algo inusual entre los aficionados y seguidores de este, nuestro más querido deporte en el duelo de la segunda ronda de la Copa de Campeones 1971-1972 que enfrentaba al Borussia Mönchengladbach y al Inter de Milán. La Partita della Lattina (como lo llamarían los italianos), y la razón por la cual se cambio la historia. Un partido que jamás se pensó que casi 4 décadas después seguiría siendo motivo de polémica.

El Gladbach se presentaba a la contienda como flamante campeón alemán. Acababa de ganar su segunda Bundesliga de la historia, pero sus talentos eran irreconocidos (por no decir intrascendentes) en Italia. El Inter del mismo modo llegaba a la contienda estrenando scudetto a la contienda. En el césped se batirían el campeón de Italia y el campeón de Alemania. Que belleza de duelo. Ambos equipos acababan de pasar la ronda de dieciseisavos con extrema facilidad.

El Inter acababa de amarrar la clasificación en el Giuseppe Meazza al vencer 4-1 al Athens AEK y luego aguantar los embates en Grecia con un 3-2 en contra. Fue una serie de locura, Helenio Herrera dejo una huella de juego a la que los aficionados Interistas se estaban acostumbrando, Catenaccio en su máxima expresión. Sufrir hasta el final involucra llegar hasta el final. El Borussia Mönchengladbach por su parte se enfrentó en primera ronda al Cork Hibs irlandés al que derrotó por 0-5 y 2-1. La llamada generación dorada de los “Die Fohlen”.

Los nerazzurri tenían la consolidada creencia que el oponente era poco más que débil y saltaron al primer plano del futbol europeo por un par de temporadas de suerte, nada de cuidado, nada intimidante. La bien conocida arrogancia italiana en todo su esplendor.

El conjunto Interista pronto se dio cuenta del grave error que cometieron al subestimar a los alemanes. Vogts, Netzer, Bonhof, Heynckes, salieron intratables. A los 7 minutos el Mönchengladbach se puso al frente gracias a Heynckes. El cerrojo ya no era una opción para el conjunto Interista que se vio forzado a atacar, y funcionó. Boninsegna igualo el partido al minuto 19’ pero el empate no duro mucho tiempo porque el danés, Le Fevre firmo el 2-1 casi de inmediato. Se veía un carnaval del gol en la cancha, se estaba cumpliendo el pronóstico al pie de la letra. Nadie tenía ni la más remota idea que estaba a punto de convertirse en mera turbulencia, un torbellino de sucesos y emociones que vale la pena contar a detalle.

Al minuto 29’ Boninsegna, hercúleo delantero italiano, se preparaba para cobrar un tiro libre cuando de pronto cayó fulminado al piso retorciéndose, tomándose la cabeza sin ninguna aparente explicación lógica. Caos, caos total se libero en la cancha y el colegiado holandés Jef Dorpmans estaba quedándose sin aire intentando detener a silbatazos la trifulca en medio del campo.

Y entonces la vieron. Sandro Mazzola la tenía en sus manos. Corriendo con los ojos casi saliéndose de sus cuencas, presenta ante el árbitro una lata de Coca Cola. Temblando. Mazzola, imaginativo, pícaro, pero abrumado de nervio le entrega la lata al árbitro y al linier queriendo dar a entender lo ilógico. No lo ha visto ni el mismo pero sabe que pueden sacar tajada de esto. “¡Ha habido una agresión salvaje del publico! ¡Esto no puede seguir!” Los nerazzurri gritan, gesticulan, agitan la lata haciendo aspavientos exagerados. Todo con tal de parar con palabras lo que no pueden con el balón en los pies.

De pronto el cuerpo policiaco se lleva detenido a un aficionado, y el Bökelbergstadion se llena completamente de duda, preguntas imposibles de responder en ese entonces. “¿Qué le ha pasado a aquel italiano? ¿Fue culpa del hombre que se llevo la policía? ¿Puede continuar? ¿Se pita como falta? ¿Pero que están tramando los italianos ahora?

El cuerpo arbitral retoma los controles de la situación y con ello, del juego. Parece que abunda la paz y el juego se reanuda. Lo que se retraso un par de decenas de minutos por culpa de aquella supuesta agresión, se confirma por fin. La aplanadora alemana hace gala de futbol excelso y encaja un doloroso 7-1 en el resultado final.

Los alemanes salen del estadio como héroes, como verdaderos gladiadores, casi sintiendo que el viaje a Milán para la vuelta era innecesario, de mero trámite. Tras el resultado humillante estaban seguros de conseguir una victoria 3-0 en la vuelta como mínimo pero la alegría duraría muy poco. La UEFA habría decidido entrar por oficio e invalidar el resultado y tramite del partido, se sufrió una ducha de agua fría cuando se dieron cuenta de que los reglamentos de la asociación no implican en modo alguno el principio de la responsabilidad objetiva, y los equipos deben responder por el comportamiento de sus aficionados. Tendrían que volver a jugar la ida, pero ahora, debido a estatutos de la UEFA, seria en casa del Inter y la vuelta en Berlín. Resultaría en derrota para el club alemán y empate, por ende, también en la eliminación del torneo al Borussia Mönchengladbach.

Los médicos del estadio confirmaron y declararon que Roberto Boninsegna no tenía ni una sola marca en la cara, tampoco se peleo por continuar el partido pre-incidente (que habría sido retomar a partir del 2-1). Años después, Brian Glanville, uno de los mejores novelistas y periodistas deportivos del siglo aseguraba en “Champions of Europe” que Sandro Mazzola reconoció que la lata que golpeó a Boninsegna estaba vacía, pero la lata que entrego al árbitro estaba llenaLa oscuridad alrededor de la famosa acción nunca fue descubierta con claridad. Se ignoro la completa falta de pruebas y dejaron para la posteridad un partido (e incidente) histórico y un equipo de época.

Fue imposible mostrar pruebas irrefutables, el uso de la televisión en aquel entonces se consideraba un lujo sin igual. El partido no fue transmitido. El club alemán solicito 6.600 marcos a cambio. Precio que ninguna televisora se vio deseosa de pagar. Debido a esto no fue posible presentar ante la UEFA prueba alguna de inocencia o peor aún, del engaño y picardía Italiana. Hoy en día ese precio equivale a 3778 euros. Qué pena pensar que quizá 3778 euros sean la razón por la cual el Gladbach no tiene una Copa de Europa en la vitrina.

Texto: Poyo Contreras

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