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El Euro Rayo

A más de uno nos han contado esas historias, esas hazañas y relatos que de a poquito te erizan la piel, que te hacen pensar que el romance en el fútbol todavía existe y que mientras la bola ruede todo se puede. Hace 17 años ocurrió una de estas.

La gran mayoría de las personas, que nos encontramos inmersos en este vaivén que llamamos fútbol, hemos tenido al menos algún contacto en carne viva con él. Bien pudo ser cuando perteneciste a tu primer equipo amateur en una liga de barrio con tus amigos, quizá con tu familia jugando en campos de llano, o algunos campos un poquito más convalecientes en los que había más gente que palmos de césped, pero se sentía como Wembley. Y que esto no me lo discutan, eran tardes hermosas en que soñabas con ser Ronaldo cada que el balón te llegaba a los pies. Ahora imagínate, si ese equipo al que perteneciste de pequeño, hubiera tenido la oportunidad de codearse con equipos de primera y segunda división, de todo el continente. Suena improbable, incluso hasta fantasioso pero esto es meramente para darle dimensión a lo que ocurrió en la temporada 00/01.

En aquel entonces la Copa de la UEFA (actual Europa League) no tenía tantas trabas y reglas en cuanto al cálculo de coeficiente de Fair Play para cualquier equipo y repartía cordiales invitaciones al certamen a cada Federación para que su club menos penalizado (se entiende: con menos tarjetas y sanciones) hiciera acto de presencia en la competición. En la Federación Española de Fútbol, toco turno para un club que bien podría ser considerado poco más que amateur, de vil barrio, de recursos bastante básicos con el penúltimo presupuesto de toda la división. El Rayo, el Rayo Vallecano, y su travesía por Europa.

En aquel entonces Juande Ramos estaba recién aterrizado en el club. Vallecas le había dado la bienvenida a inicios de temporada del 99, proveniente de la Unió Esportiva Lleida (a quién dejo en bandeja la promoción de división). Su primera temporada fue de alarido. Consiguió ni más ni menos que el quinto ascenso a Primera del club y en la segunda temporada; Nos enseño a volar a todos. Aquel Rayo llegó a estar 4 jornadas de líder general. No cayó ni en el Nou Camp ni en el Bernabéu y terminó en noveno sitio, en aquel entonces, la mejor posición histórica del equipo (Paco Jemez la superaría en 2013). Y como cierre con broche de oro, consiguieron la invitación por parte de la UEFA a la Copa. Ningún otro club español había asistido antes a esta competición de esa manera.

Un refresco generacional le trajo una soltura increíble al plantel. Llegaron Quintana y Ballesteros, que formarían una pareja de centrales tremenda e indiscutible aquel año. Esto, aunado a los de renombre del club como Alcázar, José María “el Mami” Quevedo, y Michel de Vallecas (máximo artillero de la historia del club) entre muchos otros. Las rotaciones funcionaron a las mil maravillas para Ramos, incluso en momentos de alta tensión se supo sacar suerte de su limitadísimo fondo. Ahora se estaba frente a lo más grande que había vivido Vallecas en toda su existencia.

Se dice que lo bien empieza, bien termina. El debut del Rayo no fue la excepción. Apisonaron al Constelacio Esportiva de Andorra (club ya extinto) por 16-0. En aquel entonces la fase de grupos era inexistente. Se jugaba a ronda KO desde el inicio, y así a guerra con cuchillo fueron desistiendo el Molde, el Viborg, el Lokomotiv de Moscú, todos a manos del conjunto rayista. Se asentaron hasta octavos donde el líder de la Ligue 1, el Girondins, comandados por Pauleta, esperaba ya a su presa. La ida fue en Vallecas y ni un solo canal se intereso en transmitir el partido. Inconscientes estaban de la historia que se iba a atestiguar en cancha. Lopetegui estaba en modo gigante y en alguna que otra tribuna debe haber aun manchas de lagrimas de alegría de muchos rayistas. Todavía resuenan en los oídos de muchos los 4 goles que le cascaron al conjunto francés. La vuelta se ganaría 1-0. Nadie en su sano juicio había soñado que un pequeño equipo que hasta no hace mucho era de divisiones menores iba a pavonearse por Europa como si el dueño se tratase. Los jugadores sabían que era cosa de una vez en la vida y eso precisamente envolvía cada jugada, cada partido, cada cantico en algo único, mágico, daba la intención que se presenciaba historia a cada 60 segundos del reloj.

¿Quién iba ser si no otro modesto quien pusiera alto al cuento de Cenicienta? El Deportivo Alavés llegaba invicto a cuartos después de dejar en el terreno al Inter de Milán. Extrañamente les toco enfrentarse en La Liga, intermediando los encuentros de la Copa Europa. Los primeros dos partidos se dieron en cancha del Alavés, quienes los ganaron con marcada ventaja. El Rayo llego a la vuelta con todas las piezas en contra, necesitados de olear un mar y medio contra corriente. Ganaron el partido, pero nunca estuvieron cerca de remontar el 3-0 adverso con el que salieron de Vitoria.

Alavés resulto subcampeón después de una irreal final contra Liverpool que, es historia aparte. Tras dos años jugando mano a mano con los grandes Juande se fue al Betis. Y tres años después el Rayo caería al fondo de la Segunda B en el que pelearon con uñas y dientes durante 9 años para volver a Primera. Y me temo que no podemos descartar, la triste posibilidad de que jamás vuelvan a lucir la franja roja en el pecho en una competencia Europea. ¿O sí?

Texto: Poyo Contreras

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