Una noche memorable con paisajes sonoros de funk, acid jazz, un potente groove y el virtuosismo de Jay Kay acompañado de tremendos músicos. Eso fue Jamiroquai: la otra cara del sonido británico, esa que se forjó a la par del dominante Britpop y que se da el lujo de hacer giras mundiales 30 años después llenando estadios y arenas. Monterrey merecía una noche inolvidable y ellos nos la regalaron.
Y es obvio que vas a leer por todos lados lo mismo de siempre: que si la Arena Monterrey se convirtió en una pista de baile gigante, que si el frontman, alguna vez denominado el sex symbol de la Gran Bretaña, maravilló con su voz, su estilo puramente urban street ataviado con sus emblemáticas chaquetas deportivas Adidas y sus sombreros de luces. Van a repetir que arrancó los gritos de hombres y mujeres al demostrar que no solo canta y es hermoso, sino que tiene un estilo único ¡y baila como un dios del funk!

Pero, ¿qué más nos queda por contar que no se haya dicho ya en Sudamérica o se escribirá en el resto de sus fechas por México?
La respuesta es simple: Monterrey merecía esta noche en particular. Jamiroquai tenía una deuda que pagar con el público regio porque hace más de 7 años una operación de espalda de Jay Kay obligó a cancelar la fecha en tierras regias. El mismo recinto que la noche de ayer vivió lo que anhelaba desde hace 14 años y se frustró hace 7: que la otra cara de la escena británica deleitará con ese acid jazz y su ya tan señalado, limitado, pero maravilloso setlist de 13 temas nos brindaron versiones de más de 6 minutos donde los músicos demostraron por qué, en medio del auge y la vorágine de un comercialísimo y amado Britpop, pudieron hacerse de un lugar a nivel mundial. Porque estar siempre en el top 10 global compitiendo con gigantes como Oasis, Blur, Coldplay y Radiohead no es cosa sencilla.

Durante las casi 2 horas de jam session que gozamos ayer, quedó demostrado que «Little L», ‘Canned Heat’, ‘Cosmic Girl’, ‘Love Foolosophy’ y ‘Virtual Insanity’ debían ser coreadas con acento regio una vez más. Esa deuda ha quedado pagada y gozada, mucho mejor de lo que esos adolescentes de los 90 —hoy adultos casi chavorrucos— merecían.

Y aunque hoy la cadera, la espalda y demás dolencias los acompañen a la oficina, valió cada segundo: su «yo» adolescente, ese que se sentaba a ver en MTV Los 10+ Pedidos esperando ver ‘Virtual Insanity’ para copiar los pasos del único e inimitable Jay Kay quedó satisfecho y claro que nunca olvidará la noche del 23 de septiembre del 2026 en la Arena Monterrey porqué siempre recordará el “Cause we can always take, but never give, and now that things are changing for the worse, see whoa, it’s a crazy world we’re livin’ in”.
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