Dirigida por Timur Bekmambetov, cineasta que ya nos tiene acostumbrados a propuestas visuales poco convencionales con títulos como Wanted o Abraham Lincoln: cazador de vampiros y sus experimentos narrativos ligados al internet, Mercy (titulada en México como Sin Piedad) es una película que apuesta fuerte por la acción y la ciencia ficción con tintes de thriller judicial. Protagonizada por Chris Pratt y Rebecca Ferguson, la cinta se mueve dentro de un mundo ciberpunk que resulta atractivo, caótico y, por momentos, excesivo.
La historia nos sitúa en un futuro distópico donde la violencia y el crimen han escalado a niveles alarmantes, generando una sociedad insegura y vigilada. Pratt interpreta a un detective acusado de un asesinato que no cometió, atrapado en un sistema judicial hiperconectado donde cada aspecto de su vida ha sido registrado, archivado y utilizado como evidencia. No solo sus errores profesionales, sino también sus discusiones familiares y fallas personales, se convierten en pruebas en su contra. Ese es, quizá, el elemento más inquietante de la película: la idea de que ya no existe la privacidad y de que el pasado digital puede condenarte antes de que puedas defenderte.
Narrativamente, Sin Piedad combina el thriller judicial clásico con una fuerte capa de ciencia ficción. El guion de Marco van Belle plantea preguntas interesantes sobre el uso de la tecnología en la justicia, la corrupción institucional y la fragilidad humana frente a sistemas automatizados que parecen imparables. Sin embargo, no siempre profundiza lo suficiente en estos temas. La película prefiere avanzar a toda velocidad antes que detenerse a reflexionar, lo cual puede dejar insatisfecho a un público que busque algo más denso o filosófico.
En el apartado visual es donde Bekmambetov se siente más cómodo. La cámara en mano, los movimientos bruscos, los barridos agresivos y las fallas de señal intencionales hacen que el espectador se sienta dentro del mundo digital que retrata la película. No es una experiencia cómoda ni tradicional, pero sí inmersiva. La influencia de Minority Report es evidente, tanto en la estética como en el concepto de un sistema que castiga antes de juzgar, aunque Sin Piedad opta por un tono más acelerado y menos elegante.
Las actuaciones cumplen sin sorprender. Chris Pratt entrega un papel funcional, lejos de su carisma más ligero, mientras que Rebecca Ferguson aporta solidez y presencia, aunque su personaje merecía mayor desarrollo. La duración de una hora con cuarenta y un minutos se siente adecuada para el tipo de propuesta: directa, intensa y diseñada para mantenerte atento, aunque no necesariamente para quedarse contigo después de salir del cine.
En conclusión, Sin Piedad es una película entretenida, ideal para verla con palomitas y dejarse llevar por la acción y el espectáculo visual. No es una cinta para todo el público ni pretende serlo. Está claramente dirigida a quienes disfrutan de la ciencia ficción, las historias de alta tecnología y los relatos de persecución contra el sistema. Para el público joven de Monterrey que busca algo intenso, moderno y visualmente distinto, puede ser una opción atractiva en la cartelera, siempre y cuando se entre a la sala con expectativas claras: más adrenalina que profundidad.


















































