Rachel McAdams y Dylan O'Brien en ¡Ayuda!. Foto por Brook Rushton. © 2025 20th Century Studios. All Rights Reserved.

¡Ayuda! (Send Help) es el esperado regreso de Sam Raimi al terror con clasificación R, algo que no ocurría desde Arrástrame al Infierno (2009). Para los fans del género y del director, eso ya es un gancho suficiente. Raimi, uno de los grandes nombres del terror moderno, vuelve a demostrar que su cine no busca la perfección narrativa, sino el exceso, el humor negro y el disfrute descarado del caos.

La película se presenta como una mezcla entre Misery y Náufrago, aunque rápidamente deja claro que le interesa más el humor macabro y el juego cruel con sus personajes que el realismo o el terror psicológico puro. Desde su arranque, Raimi establece con precisión la relación entre los dos protagonistas y las reglas de su pequeño universo, para luego dedicarse a romperlas cuando le conviene. Y ahí está la clave: Send Help o ¡Ayuda! es una película orgullosamente serie B, con todas sus virtudes y defectos.

La historia sigue a Linda Liddle, jefa del departamento de planificación y estrategia de una gran empresa, quien espera con ansiedad un ascenso que parece inminente. Sin embargo, tras la repentina muerte del CEO, el poder queda en manos de su hijo, detonando una serie de eventos que llevarán a Linda a una situación límite donde la supervivencia, el control y la manipulación se convierten en el verdadero campo de batalla.

A partir de esta premisa, Raimi se lanza a explorar las dinámicas de poder entre los personajes, pero siempre desde un enfoque lúdico y exagerado. Aquí la lógica importa poco: el guion se toma libertades constantes, ignora la verosimilitud cuando estorba y repite situaciones que, en otro contexto, resultarían absurdas.

Sin embargo, estas decisiones no solo se perdonan, sino que alimentan el ritmo y permiten que la trama siga ofreciendo momentos cada vez más extremos.

La violencia es uno de los grandes atractivos del filme. El gore aparece sin pudor, exagerado, creativo y a veces incluso cómico, funcionando como una cortina de humo que disimula algunos efectos digitales poco logrados. Hay momentos en los que la película parece girar sobre sí misma, pero Raimi compensa esos baches con estallidos de sangre, humor físico y situaciones cada vez más crueles.

En el apartado actoral, resulta un tanto frustrante ver a Rachel McAdams en un personaje que no está a la altura de su talento, aunque su carisma evita que el rol se sienta completamente desperdiciado. Quien realmente brilla es Dylan O’Brien, un protagonista diseñado para sufrir, ser humillado y resistir castigos físicos hasta el límite, todo en nombre del espectáculo.

¡Ayuda! no pretende ser una obra profunda ni coherente. Es un placer culpable, una película que abraza lo absurdo, lo exagerado y lo sangriento con total descaro. Para quienes disfrutan del terror con humor, del cine serie B y del estilo inconfundible de Sam Raimi, su estreno el 29 de enero. No es una gran película, pero sí una muy divertida. Y a veces, eso es más que suficiente.

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