El Afinador llega a las salas de cine, el 3 de junio, apostando por algo mucho más incómodo: el ruido. Y sí, suena pretencioso porque un poquito sí lo es. Pero también funciona.
La cinta, con Garantía Cinépolis, es dirigida por Daniel Roher, quien viene del mundo del documental y claramente no ha soltado del todo esa mirada fría y observadora.
El Afinador sigue a Niki, un personaje atrapado entre la ansiedad, el aislamiento emocional y una ciudad que parece querer triturarlo lentamente. Monterrey entenderá perfecto esa sensación: tráfico eterno, claxonazos infernales, vecinos taladrando desde las 7 am y la constante idea de que el silencio ya es un lujo premium.
Habla sobre Henry (Dustin Hoffman) quien es un veterano afinador de pianos que está perdiendo la audición. A su lado trabaja Niki (Leo Woodall), un joven aprendiz tímido y retraído, antiguo niño prodigio del piano que padece hiperacusia, una rara condición que le provoca percibir los sonidos a un volumen exageradamente alto, juntos forman la mejor pareja de afinadores de pianos de la ciudad. La condición de Niki, lejos de ser solo una carga, encierra una inesperada ventaja: una gran habilidad para abrir cajas fuertes, lo que pone su vida patas arriba.
El verdadero protagonista aquí es el sonido. Cada clic metálico, cada bocina lejana y cada explosión auditiva están diseñados para desgastar al espectador igual que al protagonista. Hay escenas donde el audio genera tensión y eso tiene mérito. La experiencia termina siendo más sensorial que narrativa: no necesariamente sales pensando qué gran historia.
La cinta intenta jugar al thriller psicológico durante su tramo final, aunque honestamente ahí es donde más se tambalea. Hay momentos donde parece que la película quiere convertirse en algo más intenso de lo que realmente necesita ser. Como ese amigo que después de dos cheves se pone filosófico y jura que entendió el universo viendo TikToks. Aun así, cuando deja de intentar impresionar y simplemente se dedica a incomodar, encuentra su mejor versión.
Visualmente mantiene una estética fría y contenida que combina muy bien con el deterioro emocional del personaje principal. Aunque también hay momentos donde el ritmo se vuelve tan lento que pareciera que la película quiere retarte a una competencia de paciencia.
El Afinador no será para todos. Hay gente que probablemente saldrá diciendo no entendí nada, ¿Entonces se querían?, todo esto para nada, etc. mientras revisa el celular antes de llegar al estacionamiento. Y honestamente, es válido. Pero quiénes conecten con su propuesta encontrarán una película más inteligente que la mayoría de las películas policíacas y thrillers genéricos que llegan cada semana.
La cinta pasa de thriller a un drama y por momentos a una película romántica con finales inesperados. No reinventa el cine ni cambiará tu vida, pero sí consigue algo raro hoy en día: hacerte sentir incómodo sin necesidad de gritarte en la cara cada cinco minutos. Y en estos tiempos donde hasta las películas parecen hechas para verse mientras alguien scrollea Instagram, eso ya es bastante.
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