Foto cortesía de la artista.

La Rosalía ha demostrado una y otra vez que su visión artística no tiene límites. Ante una Arena Monterrey deslumbrada, la española llegó con su LUX Tour para dejar claro por qué es una de las artistas más creativas de la actualidad.

Foto cortesía de la artista.

Desde que arrancó la obertura musical, quedó claro que no estábamos ante un concierto convencional, sino frente a una obra dividida en cinco actos. Una de las cosas que más atrapó la atención desde el primer segundo fue la imponente orquesta en vivo que la acompañó. Ubicados de manera muy original justo en el centro de la zona general, los músicos le dieron una atmósfera súper inmersiva al show y, por momentos, la genialidad de este ensamble genuinamente se robaba los reflectores con su enorme interpretación.

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El viaje comenzó con el Acto I, introduciéndonos a un mundo de mucha teatralidad con canciones como «Sexo, violencia y llantas» y «Porcelana». Fue en esta primera parte dónde tuvimos la impresión de estar viendo a una muñeca o una bailarina de ballet al centro del escenario, buscando la ejecución más pulcra y perfecta posible en cada movimiento. Esta etapa cerró de manera muy íntima y densa con «Mio Cristo piange diamanti», dejando una vibra casi celestial que nos demostró la tremenda capacidad vocal que tiene. Pero la Rosalía es experta en los contrastes y, para el Acto II, rompió por completo con esa pulcritud para adentrarnos en una faceta mucho más corrompida. La Arena se volvió una auténtica zona de fiesta y excesos cuando sonaron los verdaderos himnos como «SAOKO», «LA FAMA» y «LA COMBI VERSACE», levantando la energía a tope.

Conforme fue avanzando el setlist, la interacción con el público se volvió el plato principal. Durante el Acto III, fuimos testigos de uno de los momentos más memorables de la noche; tras interpretar el cover de «Can’t Take My Eyes Off You», llegó el segmento del confesionario donde sorprendió a todos subiendo nada más y nada menos que a la Rivers, dejándonos una interacción que, aunque fue muy breve, fue divertida para los fans regios.

La producción del LUX Tour está pensada para no dejar de sorprender, y para el Acto IV, Rosalía aprovechó un escenario B en medio de la sección de general para acercarse muchísimo más al público. Escuchar «CUUUUuuuuuute» y «Dios es un stalker» con esa proximidad y con la orquesta acompañando tan de cerca, hizo que la magia del show se sintiera en cada rincón.

Y claro, los mega éxitos que todos querían escuchar y bailar no podían quedarse fuera. El Acto V fue una explosión de adrenalina total donde temas como «BIZCOCHITO» y «DESPECHÁ» pusieron a absolutamente toda la arena a cantar y perrear de principio a fin, para luego cerrar con broche de oro y de manera súper emotiva con «Magnolias» en el encore. Al final, la Rosalía es mucha artista; es muy fiel a su esencia y sabe transmitirla con cosas muy frescas sobre el escenario. Cada acto fue diferente y cada canción fue una sorpresa nueva. Este concierto nos deja marcados y reafirma sin lugar a dudas por qué sigue siendo una de las figuras más pesadas e influyentes de la industria musical.

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