Hay películas malas. Y luego está Dolly: Juega Conmigo una cinta que parece existir únicamente para comprobar cuánto tiempo puede aguantar una persona viendo mugre, gritos y decisiones absurdas antes de preguntarse si no hubiera sido mejor quedarse atrapado en el tráfico de Gonzalitos un viernes a las 7 de la tarde. 

Dirigida por Rod Blackhurst, quien anteriormente había demostrado mucho más talento en proyectos como Here Alone, una película independiente de horror postapocalíptico bastante decente, Dolly: Juega Conmigo intenta construir una experiencia perturbadora y enfermiza al estilo del horror sureño setentero. El problema es que termina sintiéndose como una copia pirata de The Texas Chain Saw Massacre hecha por alguien que entendió la estética, pero jamás el alma de ese cine.

La historia sigue a una joven interpretada por Fabianne Therese, actriz conocida por filmes independientes como Starry Eyes, quien termina atrapada por una especie de familia grotesca liderada por personajes tan exagerados que parecen salidos de un sketch raro de internet. También participan Sean William Scott, sí, el mismo Stifler de American Pie, y Ethan Suplee, ambos completamente desperdiciados en un guion que jamás les da algo interesante que hacer. 

Y ese es justo el gran problema de la cinta, quiere ser intensa, incómoda y de culto, pero acaba siendo simplemente cansada. Cada escena parece hecha para que el espectador diga “qué perturbador”, aunque después de media hora el efecto desaparece y solo queda la sensación de estar viendo una película que confunde suciedad visual con profundidad artística. Es como ese compa que cree que usar blanco y negro, VHS y silencios incómodos automáticamente lo convierte en director de cine experimental.

Para el público, sobre todo quienes crecieron consumiendo horror más inteligente, irreverente o divertido, la película probablemente se sentirá eterna. Ni siquiera logra ser tan mala que da risa; simplemente da flojera. Y eso en el terror es peor que cualquier jumpscare barato. 

Lo más preocupante es que Dolly: Juega Conmigo actúa como si estuviera diciendo algo importante sobre la violencia, la familia o la decadencia humana, pero realmente no tiene mucho qué decir. Solo repite clichés del cine mientras la cámara tiembla desesperadamente intentando aparentar intensidad.

Al final, la película termina siendo como esos proyectos universitarios donde alguien dice no todos entenderán mi visión. Y sí, no porque sea compleja, sino porque no había nada que entender desde el inicio. Una película innecesaria, pretenciosa y agotadora que probablemente jamás debió existir. Se estrena este 28 de mayo en los cines del pais. 

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