Hay videojuegos que marcaron una generación y Street Fighter II es uno de ellos. Ryu, Ken, Chun-Li y compañía no necesitan presentación para quienes crecieron frente a una máquina arcade, gastando las monedas de la semana saliendo de la primaria o secundaria, directo a las chispas y asegurando que perdieron por culpa del control. Ahora, la franquicia regresa al cine con una apuesta que entiende algo fundamental: Street Fighter no necesita ponerse solemne para ser espectacular; necesita abrazar su propia locura.
Bajo la dirección de Kitao Sakurai, la película convierte el universo de Capcom en un espectáculo de combates, referencias y nostalgia noventera. Aquí están los personajes icónicos, los ataques especiales, los vestuarios reconocibles y esa deliciosa sensación de estar viendo un videojuego cobrar vida. ¿La intención? Entretener a los fans, despertar la memoria muscular de los veteranos y recordarnos que lanzar un Hadouken imaginario en la sala nunca fue una etapa: fue un estilo de vida.
Visualmente, la película reparte golpes de auténtico lujo. La animación en 2D que reconstruye el pasado de los personajes es genial, una de sus mejores decisiones creativas y una demostración de que el lenguaje visual del anime sigue teniendo muchísimo que aportar. La dirección de arte, deliberadamente camp, abraza el exceso, los colores estridentes y la exageración sin pedir disculpas. Aquí nadie vino a competir por el realismo: vinieron a verse fabulosos mientras destruyen media escenografía.
El soundtrack también merece aplausos. La música acompaña la acción, potencia la energía de los enfrentamientos y conecta con ese ADN arcade que convirtió a la franquicia en un fenómeno cultural. Sumados a los efectos visuales de los movimientos especiales, estos elementos construyen un espectáculo que, por momentos, hace que la trama sea lo último que nos importe.
Y ahí comienza el problema. Con 18 personajes principales y secundarios reclamando sus segundos de gloria, la película parece organizar una reunión de generación en la que nadie quiere quedarse fuera de la fotografía. Hay referencias para coleccionar, apariciones que emocionan y guiños que harán sonreír a quienes conocen la saga de memoria. Sin embargo, tanta obsesión por pasar lista termina perjudicando la historia. El montaje resulta irregular, algunas transiciones parecen teletransportaciones narrativas y ciertos combates desaparecen de pantalla justo cuando deberían comenzar a ponerse interesantes.
El guion tampoco consigue equilibrar semejante desfile de luchadores. Las motivaciones se desarrollan superficialmente, las subtramas compiten por atención y el relato avanza con tanta prisa que parece estar intentando desbloquear al siguiente personaje antes de que termine la partida anterior. El resultado es una película entretenida, pero narrativamente desordenada, que confunde por momentos la acumulación de referencias con la construcción de una historia.
Además, su evidente intención de preparar el terreno para futuras entregas deja un desenlace que sabe más a continuación pendiente que a cierre satisfactorio. Hollywood vuelve a recordarnos que, en ocasiones, ni siquiera derrotar al jefe final significa que te dejarán salir de la sala.
Street Fighter es un espectáculo imperfecto que entiende mejor la nostalgia que la narrativa. Su animación es brillante, su dirección de arte tiene personalidad y su banda sonora eleva la experiencia; lástima que el montaje y el guion no estén a la misma altura que sus puñetazos.
¿Es cine revolucionario? No. ¿Es una adaptación que se toma demasiado en serio? Tampoco, y eso juega a su favor. Es una celebración del exceso, el videojuego y la cultura pop, con suficientes aciertos visuales para mantenernos entretenidos pese a sus tropiezos.
Para quienes crecieron con las maquinitas y chispas, es una invitación a regresar a casa. Para quienes descubrieron la saga después, una oportunidad de entender por qué estos personajes siguen repartiendo golpes décadas después. Eso sí: vayan por el espectáculo, no por una tesis doctoral sobre las motivaciones de un torneo de artes marciales.
Porque en Street Fighter la nostalgia conecta, los golpes impactan y la animación deslumbra. El único que necesita entrenar más es el guion.
Síguenos en redes sociales
Facebook: @mty360
Instagram: @mty360
X: @mty_360

















































