Hay películas que quieren reinventar el cine de acción y hay otras que, con absoluta honestidad, prefieren llegar, repartir algunos golpes y hacer su trabajo. Código: Venganza pertenece claramente al segundo grupo. Y, sinceramente, tampoco parece tener interés en pedir disculpas por ello.
La cinta sigue a Reed, interpretado por Jason Statham, un especialista en seguridad privada cuya vida da un giro cuando su jefe es asesinado y él termina convertido en el principal sospechoso. Obligado a escapar, Reed tendrá que descubrir quién está detrás de una conspiración internacional que, evidentemente, incluye suficientes enemigos como para justificar varias peleas, persecuciones y explosiones.
La película no busca reinventar la fórmula. Su apuesta es mucho más sencilla: acción directa, ritmo constante y Jason Statham haciendo lo que mejor sabe hacer. Y ahí está buena parte de su encanto.
Statham se mueve con absoluta naturalidad dentro de este territorio. Después de construir durante décadas una filmografía prácticamente asociada al cine de acción, desde Lock, Stock and Two Smoking Barrels y Snatch, pasando por Transporter, Crank, The Mechanic y la saga de Rápidos y Furiosos, el actor ya no necesita demasiadas explicaciones para convencernos de que puede enfrentarse a media docena de sujetos armados y salir caminando como si acabara de terminar una junta de trabajo.
Además, en esta ocasión Statham no solamente ocupa el papel protagonista. También participa como productor a través de su compañía Punch Palace, lo que refuerza todavía más su presencia creativa dentro del proyecto.
Bajo la dirección de Jean-François Richet, la película encuentra uno de sus mayores aciertos en las secuencias de combate. Las coreografías son pulcras, contundentes y especialmente efectivas en espacios reducidos. No dependen únicamente de editar cada golpe a una velocidad que haría imposible saber quién está pegándole a quién; aquí existe una intención clara en la construcción física de las peleas.
Y cuando la cinta deja que Statham entre en acción, funciona.
Donde el resultado pierde un poco de fuerza es en sus personajes secundarios. El reparto cumple correctamente, pero varios personajes parecen existir principalmente para empujar la historia de Reed hacia la siguiente persecución o enfrentamiento. Hay poco espacio para que sus relaciones evolucionen y, por momentos, el drama parece estar ahí porque una película de acción necesita algo más que golpes para llegar al siguiente golpe.
La trama tampoco está particularmente interesada en sorprender al espectador. La conspiración internacional cumple su cometido, pero difícilmente será recordada como una de las grandes intrigas del género. Aquí importa más cómo llegamos a la siguiente escena de acción que descubrir una revolución narrativa.
Y eso no necesariamente es un defecto. Código: Venganza es una película cumplidora, especialmente para quienes disfrutan del cine de acción clásico: protagonista implacable, enemigos numerosos, conspiración, persecuciones y suficientes golpes como para que el espectador no tenga demasiado tiempo de preguntarse si todo tiene sentido. No es una cinta que pretenda cambiar las reglas del juego. Es más bien una que conoce perfectamente las reglas y decide jugar con ellas.
Sí buscas profundidad dramática, quizá tendrás que buscar en otra sala. Pero si quieres a Jason Statham repartiendo golpes con coreografías precisas, contundentes y visualmente interesantes, Código: Venganza sabe perfectamente qué boleto está vendiendo.
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