Deseo es un thriller erótico de alto voltaje que recupera la seducción brutal de los 90: sensual, sugerida, letal. Una película donde la pasión no se grita, se respira. Donde el erotismo arde en lo que no se dice. Y donde nadie es inocente.
La cinta llega de la mano de Cinépolis Distribución a partir de éste jueves 7 de mayo con Ludwika Paleta, José María Yazpik y Óscar Casas, todos dirigidos estelarmente por Teresa Simone.
Para Teresa Simone, dirigir Deseo fue meterse de cabeza en territorio pantanoso sin perder el equilibrio porque, según afirma, “lo que más quería lograr era una construcción potente y sin juicios del deseo”. Para ello, el thriller erótico funciona como la estructura que sostiene todo: marca el ritmo, mantiene la distancia justa y permite hablar de lo complejo. Así, el erotismo no estalla de golpe: “se cocina a fuego lento, con más fuerza, excitación, sensualidad y atractivo”, afirma la directora.
En Deseo, Lucero lo tiene todo: una carrera brillante como abogada, veinte años de matrimonio con Fernando —empresario, dueño de un gimnasio de élite—, dos hijos adolescentes y una vida que desde afuera parece impecable. Pero bajo esa superficie perfecta, algo crucial se ha ido muriendo. El deseo. La pasión. La sed de sentirse viva.
Hasta que llega Matías. El nuevo entrenador de natación de élite contratado por el club de Fernando para llevar a Viviana, la hija mayor de Lucero, a competir profesionalmente. Su presencia no irrumpe: explota. Es un joven español intenso, atractivo y magnético. De pronto, Lucero siente algo que llevaba años enterrado. Un deseo visceral que despierta con una fuerza arrasadora. Una atracción peligrosa, prohibida. Cada mirada es una provocación. Cada roce, una amenaza. Cada encuentro, un paso más cerca del abismo.
Mientras Julián, su hijo menor, observa en silencio lo que nadie más quiere ver, y Miguel —el mejor amigo de Lucero, oscuro y dispuesto a todo— vigila desde las sombras, la tensión sexual se vuelve insostenible. Porque cuando el deseo se desata en un espacio donde todo estaba bajo control, las consecuencias son devastadoras.
Deseo es cine donde el género y el erotismo hablan el mismo idioma: uno autoral, preciso y elegante.
Parte central de la trama es la sexualidad femenina en la madurez. Para Teresa, el tema no es que el deseo se acabe, sino todo lo que se le carga encima culturalmente: la edad, cómo te miran, la dificultad de volverte a sentir deseada. ‘Esta historia está atravesada por la necesidad que tiene una mujer de ser vista de nuevo’, enfatiza. De ahí salen preguntas incómodas: ¿Quién soy después de veinte años de casada?, ¿qué cosas he dado por hecho?, ¿cómo puedo replantear los términos con mi pareja?. Son temas enormes, lo reconoce, ‘y de cada uno se podría hacer una película, pero Deseo no intenta abarcarlo todo. La historia se sostiene sobre el momento en que esas preguntas irrumpen’.
Para Ludwika Paleta, este tipo de relatos no son excepcionales, sino necesarios. Desde su mirada como actriz, el problema nunca ha sido la ausencia del deseo, sino la falta de permiso cultural para habitarlo. ‘Nos creímos que a cierta edad ya no nos toca sentirlo’, dice. “En la película, esa creencia se pone en crisis: el deseo sigue ahí con fuerza, pero ya no encuentra un lugar claro donde expresarse. No porque desaparezca, sino porque culturalmente se instala la idea de que ya no corresponde ser sexual a cierta edad. Lo que se pierde, más que el deseo, es el permiso para escucharlo.”, agrega. Estas son cuestiones que, para Paleta, rara vez encuentran espacio en el cine desde una mirada femenina compleja.
En ese sentido, Ludwika tiene una posición clara: ‘Yo estoy tratando de que las mujeres y las actrices tengamos carreras donde podamos hacer personajes que hablen de mujeres como la que yo soy’. La actriz habla desde la experiencia propia: la de una mujer que ha atravesado distintas etapas y que ya no está interesada en versiones simplificadas de lo femenino. En Deseo, esa postura se traduce en un personaje que no busca ser ejemplar ni correcto, sino vivo. Una mujer que duda, que se equivoca y que se confronta consigo misma. El deseo aquí no es solo sexual, sino también una forma de sacudirse el adormecimiento. Paleta lo expresa con claridad: ‘El cuerpo también pide ser escuchado, incluso cuando la vida parece ordenada. La película se instala precisamente en ese punto: cuando todo parece estar en su lugar, pero algo interno empieza a desacomodarse’.
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