Hay películas de terror que te asustan por los monstruos. Obsesión, la nueva cinta dirigida por el comediante convertido en cineasta de horror Curry Barker, da más miedo porque el monstruo podría ser alguien demasiado cercano. O peor: uno mismo. La película llega el 21 de mayo a tu cine favorito de la mano de Universal Pictures.
La premisa parece sencilla: Bear (Michael Johnston), un chico tímido y emocionalmente torpe, compra un extraño “Sauce de los Deseos” para pedir algo que millones han pensado alguna vez: que la persona que ama lo ame de vuelta. El problema no es el deseo. El problema es la necesidad de controlar el sentimiento ajeno. Y ahí es donde Obsesión deja de ser solo una película de terror sobrenatural para convertirse en un retrato bastante incómodo de las relaciones modernas.
Desde el inicio, Barker juega inteligentemente con esa figura del “buen chico” rechazado que cree merecer reciprocidad emocional solo por estar ahí. Lo perturbador es que Bear no inicia como un villano clásico; es inseguro, sensible y hasta da lástima por momentos. Y justamente por eso funciona tan bien. Porque la película obliga al espectador a hacerse preguntas incómodas: ¿Qué tanto puede deformarse alguien cuando el deseo se convierte en obsesión? ¿Cuántas personas hoy intentan manipular emocionalmente a otros sin necesidad de hechizos, ramas mágicas o fuerzas sobrenaturales?
Y sí, la crítica va especialmente hacia ciertos hombres incapaces de aceptar límites o rechazo, aunque la película también deja abierta la posibilidad de que cualquier persona pueda caer en esa necesidad tóxica de posesión disfrazada de amor. Ahí está una de sus mayores virtudes: no sermonea, pero sí incomoda.
La gran sorpresa de la película es Inde Navarrette como Nikki. Su actuación sostiene gran parte del impacto emocional y psicológico del filme. Logra transmitir vulnerabilidad, miedo y desesperación sin caer en exageraciones típicas del género. Hay momentos donde literalmente llena la pantalla solo con la mirada. Mientras Michael Johnston construye un personaje frustrante pero creíble, Navarrette termina siendo el corazón roto y aterrador de toda la historia.
Visualmente, Barker demuestra que entiende perfecto el terror contemporáneo. Hay claras influencias de películas como Barbarian, mezclando violencia incómoda, humor negro y tensión psicológica con escenas que hacen que la sala entera se retuerza en silencio. Y aunque por momentos el ritmo se alarga un poco en el segundo acto, la película recupera fuerza rápidamente hacia un cierre bastante cruel.
Lo más interesante es que Obsesión jamás intenta justificar a su protagonista. Solo nos deja observar cómo alguien aparentemente “normal” cruza líneas morales por egoísmo emocional. Y eso pega especialmente en tiempos donde las relaciones modernas están llenas de manipulación disfrazada de romanticismo, insistencias incómodas y personas que confunden afecto con posesión.
En Monterrey, donde todavía sobreviven muchos discursos de “si insiste, ella va a caer”, la película se siente más cercana de lo que debería. Y quizá ahí está su verdadero terror.
Obsesión no reinventa el género, pero sí toma una idea sencilla y la convierte en una experiencia incómoda, inteligente y cruelmente actual. Sales del cine pensando menos en el hechizo y más en la gente que haría algo parecido si creyera que nadie los descubriría.Y honestamente, eso da muchísimo más miedo.
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