Hay películas de terror que quieren asustarte. Y luego están las que además te dejan pensando si seguir haciedo lo que ejecutabas antes de ver la pelicula. Esa parece ser la apuesta de El Pasajero del Diablo, la nueva cinta producida por André Øvredal, el mismo responsable de hacer que un troll gigante se sintiera más creíble que muchos influencers de TikTok.
La premisa suena bastante simple: pareja joven, viaje por carretera, accidente extraño, bosque inquietante y una presencia sobrenatural. Lo interesante aquí es que la película parece entender algo que el terror moderno a veces olvida: el miedo funciona mejor cuando viene acompañado de tensión emocional real. No basta con poner un demonio gritando en pantalla cada 15 minutos como si fuera alarma sísmica. Aquí el horror nace de la incomodidad, del aislamiento y de esa sensación horrible de que algo está mal aunque todavía no puedas explicarlo.
El elenco también llama la atención. Melissa Leo aporta esa energía de actriz que puede convertir una simple mirada en amenaza psicológica, mientras Jacob Scipio y Lou Llobell cargan con el peso emocional de una pareja que probablemente debió terminar antes de subirse al coche. Después de que una joven pareja presencia un espantoso accidente en una autopista, pronto se dan cuenta de que no abandonaron solos la escena del choque: una presencia demoníaca llamada El Pasajero del Diablo, no se detendrá hasta reclamarlos a ambos, convirtiendo su aventura de vida en la van en una pesadilla.
Y ojo: el guion habla de carreteras, desapariciones y paranoia creciente. Eso conecta bastante con esta generación que vive permanentemente cansada, ansiosa y con la sensación de que el mundo entero podría explotar mientras revisamos el celular. El verdadero monstruo ya ni siquiera necesita colmillos.
Ahora, tampoco hay que romantizarlo todo. El terror “elevado” últimamente tiene la mala costumbre de sentirse como terapia cara disfrazada de película indie. A veces uno solo quiere sustos y no salir cuestionando sus traumas familiares. La clave estará en si la cinta logra equilibrar tensión psicológica con momentos genuinamente aterradores y no termina siendo dos horas de gente manejando mientras mira raro por la ventana. Pero al menos sobre el papel, promete algo que muchas películas actuales no consiguen: personalidad. Y en tiempos donde medio catálogo de streaming parece hecho por inteligencia artificial eso ya es bastante.
La pelicula si cumple lo que promete, podría convertirse en esa película incómoda que te deja nervioso en la carretera o peor aún: pensando en tus propias decisiones amorosas.
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