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Alemania vs Holanda

La rivalidad entre holandeses y teutones es, sin duda, una de las mayores que existen en el fútbol mundial. Aunque en el mapa actual un enfrentamiento en los Balcanes o un partido entre rusos y ucranianos trasciende lo deportivo, durante buena parte del siglo XX también sucedía entre estos países. Una antipatía acrecentada además por tratarse de dos potencias a nivel futbolístico, que dejaron para la historia partidos inolvidables, como la final del Mundial ’74 o esa semifinal disputada de la Eurocopa de 1988 en Hamburgo.

Las heridas del pasado tardaron en cicatrizarse en los Países Bajos. La ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial seguía siendo dolorosa para muchos veteranos de guerra. Incluso algunos jugadores habían perdido a familiares durante ese periodo. “Ellos mataron a mi padre, a mi hermana y a dos de mis hermanos. Les odio”, comentaba el centrocampista holandés Wim van Hanegem cuando se enfrentaron ante la República Federal Alemana en el ‘74. Sin duda, otro amargo recuerdo por el fútbol ofensivo desplegado por la ‘Naranja Mecánica’ de Cruyff, incapaz de derrocar al que muchos veían como un tirano. No hay que olvidar que la Mannschaft también había derrotado a los ‘Magiares Mágicos’ de Hungría en el ‘54 con un fútbol similar, mucho menos estético que el de sus rivales.

Pero Holanda pudo borrarle al fin la sonrisa a los alemanes en 1988, y en su propia casa. La victoria en el último suspiro con el gol de Van Basten tras dos penaltis dudosos (2-1) significó un alivio histórico para un país acomplejado. “Nos habéis liberado de nuestro sufrimiento”, envió el exfutbolista Jan Jongbloed en un telegrama después del partido al equipo.

“Ganamos el torneo, pero todos sabíamos que la semifinal era realmente la final”, explicaba el seleccionador Rinus Michels tiempo después. Y es que ese gol de Van Basten en el minuto 87, en un momento del partido en el que normalmente marcaba Alemania, sirvió para al fin derrotarla y darle de su propia medicina.

Pocos meses después, incluso se publicó un libro de poesía escrito entre poetas y futbolistas del país para hablar de la rivalidad con Alemania. Una enemistad que se prolongó en futuros duelos, como en Italia ‘90 con el escupitajo de Rijkaard a Völler.

El periodista Simon Kuper le dedica un capítulo entero a esa rivalidad en el imperdible libro Fútbol contra el enemigo. En él relata que nueve millones de holandeses, un 60% de la población, salió a las calles a celebrar la victoria frente a los alemanes. Daba igual que fuera un martes. “Parece que al final hemos ganado la guerra”, declaró por televisión un antiguo combatiente de la resistencia.
En lo futbolístico, aunque el origen está en la ocupación ‘nazi’ y lo que sufrieron sus habitantes neerlandeses, todo empezó en una de las finales de la Copa del Mundo más tensas de la historia, el Alemania Federal-Holanda de 1974, con el supuesto penalti a Bernd Holzenbein por parte de Wim Jansen para el 1-1 y un tanto anulado por fuera de juego a los holandeses en la segunda parte. Cruyff acabó desquiciado con el arbitraje. Eso terminó por confirmar la teoría de que, efectivamente, para los holandeses Alemania era y es el diablo.

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