Radiohead – A Moon Shaped Pool

Radiohead está de regreso con su noveno disco de estudio, una vez más, bajo la producción de Nigel Godrich, y que lleva como título A Moon Shaped Pool, un disco que se empezó a crear desde el 2012 con algunas canciones que ya habían sido presentadas por la banda, pero que aún les faltaba pulir como “True Love Waits” que data desde 1995 o “Burn the Witch” en el 2000.

Grabado en los estudios Le Fabrique en Francia, Radiohead nos presenta un álbum totalmente melancólico, tranquilo, con ese toque experimental que los ha venido identificando últimamente, un disco en donde vemos a la banda británica fascinada con texturas sónicas y espaciales, una placa llena de hermosas y sonámbulas melodías que suenan mejor cada vez que uno vuelve a darle play al álbum.

Parece que mucha gente piensa que Radiohead es la misma banda de los noventas y que los violentos guitarrazos y cambios bruscos en sus canciones van a aparecer en cada disco nuevo de la banda, eso ya dejo de suceder desde el Kid A (2000). Sin embargo, en A Moon Shaped Pool, los guitarrazos no están tan olvidados como en anteriores trabajos, tanto la guitarra eléctrica como acústica están presentes, eso sí, todo bajo un ordenado y minucioso arreglo, tanto en densidad, gravedad y repercusión que Jonny Greenwood y Nigel Godrich imprimen en esta placa.

El álbum comienza con “Burn the Witch” y “Daydreamer”, los primeros dos sencillos promocionales que la banda lanzó recientemente, la primera es una canción obscura muy desconcertante pero hermosa, que con la colaboración de la London Contemporary Orchestra le da ese toque de elegancia a lo tenso que es la letra de la canción: “abandon all reason / avoid all eye contact / do not react / shoot the messengers / burn the witch” canta Thom Yorke con ese falsetto tan característico en él.

El tercer tema, “Decks Dark”, sigue la misma onda instrumental con piano y pinceladas sonoras del resto de instrumentos de la banda, “Desert Island Disk”, es una pieza acústica en donde el tono melancólico del disco continúa, más que nada se siente como un tema de transición hacia “Ful Stop”, una canción más electrónica y experimental con mucho eco y delay, llena de sintetizadores que nos recuerda al King of Limbs.

Siguiendo el hilo del disco, nos encontramos con “Glass Eyes” y “Identikit”, dos tracks donde los pianos, violines y chelos quedan perfectos con el ambiente melancólico, frío, extraño y triste que Radiohead le imprime al álbum, pero sin dejar de ser interesante.

“The Numbers” parece canalizar el folk progresivo setentero a través de una loca aventura sónica que empieza de forma instrumental, “Present Tense” y “Tinker Tailer Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief” son dos temas bañados de poderosos acordes cinemáticos, desde el bajo espacial cortesía de Colin Greenwood que gana poder con cada segundo que transcurren las canciones, hasta el arreglo de cuerdas que dirige Jonny Greenwood, maestro en cuanto al uso de arpegios, pedales, feedbacks y demás efectos tan inusuales como sorpresivos, y ejecutado por la London Contemporary Orchestra.

El disco cierra de manera brutal con “True Love Waits”, una canción que ha merodeado la discografía de Radiohead por más de 20 años pero que es apenas considerada para formar parte de un álbum oficial. Lo que para muchos podría pensarse como falta de inspiración el recurrir a una canción ya compuesta hace décadas, para otros puede confirmar la visión y paciencia de Radiohead de trabajar todo a su debido tiempo, o como dice la canción del Kid A, “Everything in its Right Place”.

Canciones clave: “Burn the Witch”, “The Numbers” y “True Love Waits”.

Texto: Víctor Moreno

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